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Champagne Veuve Clicquot: una muy grande maison de reputación inmensa
Fundada en Reims en 1772 por Philippe Clicquot-Muiron, la Maison Veuve Clicquot Ponsardin debe su leyenda a una mujer: Barbe-Nicole Ponsardin, viuda a los veintisiete años en 1805, quien toma sola las riendas de la empresa familiar y se convierte en una de las primeras empresarias de los tiempos modernos. A ella se deben tres innovaciones que han dado forma al champagne tal como lo conocemos: la comercialización del primer champagne millésimé en 1810, la invención de la mesa de removido en 1816 y la creación del primer rosado de ensamblaje en 1818, obtenido incorporando vino tinto de Bouzy. Su divisa, una sola calidad, la primera de todas, guía aún hoy a una casa cuyo estilo descansa en la predominancia del pinot noir, fuente de estructura y vinosidad, y en una de las más vastas colecciones de vinos de reserva de la Champagne.
Procedente de una familia de banqueros y comerciantes textiles que ya poseía viñedos, Philippe Clicquot funda en 1772 una empresa de comercio de vinos con el nombre de Clicquot. Desde el principio, la casa muestra una ambición clara: cruzar fronteras y exportar. En 1798, su hijo François se casa con Barbe-Nicole Ponsardin, nacida en Reims en 1777 e hija también de un fabricante textil. Todo cambia en 1805, cuando François fallece repentinamente. Su joven viuda, de veintisiete años, decide ponerse al frente del negocio, una elección audaz en una época en la que las mujeres casi nunca ocupaban puestos directivos. Decidida a no depender de nadie, transforma un modesto negocio de vinos en una de las primeras casas exportadoras del mundo, especialmente gracias a un legendario envío a Rusia en 1814, realizado con su representante Louis Bohne.
Su espíritu inventivo deja una huella duradera en la Champagne. En 1810, comercializa el primer champagne de anada conocido, reconociendo así el carácter propio de cada año. En 1816, cansada de agitar las botellas a mano para eliminar los sedimentos, manda perforar una mesa de su cocina para colocar en ella las botellas inclinadas boca abajo: nace así la mesa de removido, un procedimiento que enseguida adopta toda la región y que sigue utilizándose. En 1818, cuando la tradición era dar color al vino blanco con una preparación de bayas de saúco, añade vino tinto de sus viñedos de Bouzy e inventa el rosado de ensamblaje. Edouard Werlé, que se incorpora a la casa en 1820, se convierte en su socio y continúa su labor. La etiqueta amarilla, un color audaz elegido para distinguir las botellas, se registra oficialmente en 1877. Apodada la Grande Dame de la Champagne, Barbe-Nicole fallece en 1866, después de haber fundado también escuelas, una caja de socorro y una residencia para mayores en Reims. Desde la fundación se han sucedido once jefes de bodega; Didier Mariotti ocupa actualmente el puesto. La casa se incorporó al grupo LVMH a finales de la década de 1980.
Los viñedos propios se extienden por unas 390 hectáreas y constituyen uno de los patrimonios vitícolas de mayor calidad de la región, con una clasificación media muy alta en la escala de crus. Abarcan doce pueblos clasificados como Grands Crus y una veintena de Premiers Crus, con una notable concentración en la Montagne de Reims, tierra predilecta del pinot noir. La propia Madame Clicquot ya había adquirido en la década de 1810 viñedos en crus clave como Verzy, Bouzy y Ambonnay, convencida de que sus uvas tintas daban los mejores vinos blancos. Esta convicción sigue siendo la columna vertebral del estilo de la casa: el pinot noir aporta estructura, cuerpo y carácter vinoso; el chardonnay de Avize, Oger y Le Mesnil-sur-Oger, frescura y finura; y el meunier del Valle del Marne, redondez y notas frutales.
Entre estas parcelas, una ocupa un lugar especial: Clos Colin, un pequeño paraje de unas 1,3 hectáreas situado a media ladera en el corazón del Grand Cru de Bouzy, propiedad de la familia Clicquot desde 1741, antes incluso de la fundación de la casa. De este clos procede el vino tinto de pinot noir que aporta color y profundidad a las cuvées rosadas de prestigio; la calidad de su cosecha determina por sí sola si pueden elaborarse en un año determinado. El subsuelo de creta del Campaniense, reserva de agua y regulador térmico, imprime a los vinos su salinidad y tensión. En Reims, la casa dispone de varias decenas de kilómetros de antiguas canteras de creta galorromanas excavadas en la roca, inscritas en el Patrimonio Mundial de la UNESCO, donde la temperatura constante y la humedad ideal permiten crianzas largas y regulares.
La vinificación se realiza parcela por parcela y cru por cru, en depósitos de acero inoxidable con temperatura controlada, para preservar la identidad de cada terruño antes del ensamblaje. Solo se seleccionan los mostos más finos y se lleva a cabo la fermentación maloláctica para aportar suavidad y estabilidad. Pero el verdadero tesoro de la casa está en otra parte: en su colección de vinos de reserva, una de las más amplias y variadas de la Champagne, con entre cuatrocientos y quinientos vinos conservados durante más de quince años. Esta excepcional colección permite que cada Carte Jaune incorpore entre un 30 y un 45 % de vinos de reserva procedentes de numerosas anadas diferentes, lo que garantiza una constancia de estilo poco habitual en una producción de esta magnitud.
El arte del ensamblaje reúne cada año entre cincuenta y sesenta crus para la cuvée emblemática. Para los rosados, la casa sigue fiel a la técnica inventada en 1818: añadir un vino tinto tranquilo de pinot noir, generalmente procedente de Bouzy, en lugar de recurrir a la maceración, una técnica considerada menos previsible. Algunas cuvées pasan por una doble maduración: primero, varios años en depósito sobre lías finas y, después del tiraje, de nuevo en bodega. Este método confiere a la colección Extra Brut Extra Old su textura y complejidad tan particulares. La crianza en rima en las cavas de creta dura unos tres años para las cuvées sin añada y entre ocho y diez años, o incluso más, para las anadas y las cuvées de prestigio. La dosificación varía según el estilo buscado, desde vinos sin dosificar hasta cuvées deliberadamente generosas concebidas para la coctelería.
Brut Carte Jaune: el champagne emblemático de la casa, inconfundible por su etiqueta amarilla registrada en 1877, y uno de los bruts más vendidos del mundo. Ensambla entre cincuenta y sesenta crus, con predominio del pinot noir —en torno al 50-55 %—, que le aporta estructura, complementado con chardonnay para la finura y meunier para la redondez, además de entre un 30 y un 45 % de vinos de reserva. Presenta un color dorado brillante; en nariz despliega notas de pera, melocotón, cítricos, bollería y frutos secos aportadas por la crianza sobre lías; y en boca se muestra potente y elegante, vinoso y fresco a la vez. Un champagne radiante, perfecto como aperitivo o para acompañar sushi, sashimi o aves asadas.
Veuve Clicquot Rosé: heredero directo de la innovación de 1818, mantiene vivo el método del rosado de ensamblaje. Elaborado sobre la misma base que Carte Jaune, incorpora alrededor de un 12 % de vino tinto de pinot noir procedente de los mejores crus de la casa, especialmente de Bouzy, hasta lograr un ensamblaje final de aproximadamente un 45 % de pinot noir, un 33 % de chardonnay y un 20 % de meunier. Presenta un color rosa intenso y luminoso; en nariz destacan la fresa silvestre, la frambuesa, la cereza y la grosella, mientras que en boca combina vivacidad, un carácter goloso y una buena estructura. Ideal con embutidos selectos, frutos rojos frescos y canapés.
Demi-Sec: cuvée concebida para acompañar los postres, que conserva la estructura de pinot noir característica de la casa y ofrece una dosificación más generosa, perfectamente integrada. Los aromas de frutas confitadas, miel, vainilla y repostería se equilibran gracias a una acidez bien conservada. Una excelente elección para acompañar postres de fruta, pasteles y foie gras.
Rich y Rich Rosé: cuvées deliberadamente más dosificadas, concebidas para la coctelería y para disfrutarse con hielo, acompañadas de ingredientes seleccionados como piña, apio, ralladura de pomelo, pepino o té. Rich se sirve bien frío y revela un cuerpo amplio y afrutado capaz de combinar con estos ingredientes, mientras que Rich Rosé añade notas de frutos rojos. Una forma desenfadada y creativa de disfrutar del champagne, fiel al espíritu audaz de Madame Clicquot.
Extra Brut Extra Old: colección exclusiva elaborada únicamente con vinos de reserva, sin vino del año, algo inédito en la historia de la Champagne. Cada edición ensambla una selección de anadas prestigiosas; la tercera, por ejemplo, reúne ocho años comprendidos entre 1990 y 2014. Estos vinos pasan por una doble maduración: varios años en depósito sobre lías finas y otros tres años en bodega antes del degüelle. Con una dosificación baja, el conjunto revela aromas de flores blancas, cítricos, frutas blancas, masa de pan y piel de naranja, con un paladar de precisión y tensión notables. Un champagne para entendidos, magnífico con ostras y tartares de pescado.
Vintage Brut: fiel a la tradición iniciada por Madame Clicquot en 1810, el vino de anada solo se elabora en años considerados dignos de tal distinción y exclusivamente con uvas de Premiers Crus y Grands Crus. El predominio del pinot noir le aporta estructura y potencial de guarda, mientras que el chardonnay le confiere tensión y viveza. Tras varios años en las cavas de creta, ofrece una nariz compleja de frutas maduras, brioche, frutos secos y notas tostadas, y un paladar denso, vinoso y persistente.
Vintage Rosé: versión rosada del vino de anada, obtenida mediante la adición de aproximadamente un 13 % de vino tinto tranquilo de pinot noir de Bouzy. Combina la profundidad de una gran anada con la intensidad frutal de un rosado de ensamblaje. Presenta un color cobrizo, aromas de frutos rojos confitados, especias dulces y notas tostadas, y un paladar estructurado, sabroso y persistente. Un rosado gastronómico, excelente con carnes blancas y pescados de primera calidad.
La Grande Dame: la cuvée de prestigio, creada en 1972 para el bicentenario de la casa con la anada 1962, en homenaje a Barbe-Nicole Ponsardin. Procede de una selección exclusiva de ocho crus históricos especialmente apreciados por Madame Clicquot, con un claro predominio del pinot noir, generalmente en torno al 90 %, complementado con chardonnay. Tras una larga crianza, a menudo de ocho a diez años en bodega, presenta un color dorado intenso y una nariz de gran complejidad que combina frutas amarillas maduras, cítricos confitados, flores, especias y notas tostadas. En boca es potente y mineral, con una elegancia precisa. Realza la langosta, el rodaballo con salsa de mantequilla blanca y el foie gras, y puede guardarse entre diez y quince años, o incluso más.
La Grande Dame Rosé: versión rosada de la cuvée de prestigio, producida por primera vez con la anada 1988 y declarada solo una decena de veces desde entonces. Su rareza se debe a una condición única: solo el vino tinto de pinot noir de Clos Colin, en Bouzy, puede formar parte de su ensamblaje, y la calidad de esta diminuta parcela determina cada año si es posible elaborarla. Alrededor de un 13 % de este vino tinto se incorpora a una base compuesta en un 90 % por pinot noir. Su color es rosa salmón con reflejos cobrizos; la nariz evoluciona desde notas florales hacia matices especiados y de pimienta; y la entrada en boca es franca, seguida de una textura sedosa, profundidad y una persistencia notable.
Parcela Clos Colin: cuvée de parcela de producción muy limitada, elaborada exclusivamente con uvas de Clos Colin, en Bouzy, un paraje de 1,3 hectáreas que pasó a formar parte del patrimonio familiar en 1741. Ofrece una interpretación inédita e íntima de este terruño histórico de pinot noir, con una intensidad frutal, una profundidad y una textura calcárea que explican el papel central que siempre ha desempeñado en las grandes cuvées rosadas de la casa. Producida en cantidades ínfimas, está dirigida a los aficionados más entendidos.
Cave Privée: colección de botellas extraordinariamente raras procedentes de la vinoteca de la casa, de antiguas anadas conservadas en rima durante décadas en las cavas de creta y degolladas tardíamente para darlas a conocer al público. Disponibles en versiones blancas y rosadas de años legendarios, estas botellas ofrecen una expresión terciaria de una profundidad impresionante, con notas de frutas confitadas, cera, café, sotobosque y trufa, sin perder una frescura intacta que da fe de la calidad de su crianza en la creta de Reims.
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