En Estados Unidos, la producción de vino está ampliamente dominada por California, que representa aproximadamente el 85 % del volumen nacional, con renombradas regiones vitivinícolas como el Valle de Napa y Sonoma, ideales para cultivar variedades populares como el Cabernet Sauvignon, el Chardonnay, el Merlot y el Zinfandel. Este último, considerado a menudo una especialidad americana, se distingue por sus sabores ricos y especiados. Otros estados como Oregón, famoso por su refinado Pinot Noir, y Washington, apreciado por sus vinos blancos como el Riesling, enriquecen la diversidad de los vinos americanos. Estados Unidos apuesta por vinos afrutados, atrevidos y accesibles, en contraste con los estilos europeos más clásicos. Históricamente, la viticultura fue introducida por los colonos europeos en el siglo XVI, pero cobró verdadero impulso en el siglo XX tras periodos difíciles como la Ley Seca (1920-1933). Hoy en día, el mercado americano es también uno de los mayores consumidores de vino del mundo, con una cultura que combina vinos locales e importaciones.