La añada 1971 se impone en Borgoña como un gran año, uno de los más acabados de la década, fruto de una floración contrariada y de tormentas que redujeron los rendimientos, concentrando uvas maduras y ricas. Los tintos (Pinot Noir) son sus figuras mayores: potentes, densos y profundos, dotados de una carne generosa y de un magnífico potencial de guarda, con resultados deslumbrantes en la Côte de Nuits (Gevrey-Chambertin, Vosne-Romanée, Chambolle-Musigny, Morey-Saint-Denis). Los blancos (Chardonnay) son igualmente brillantes, ricos y amplios, de Meursault a Puligny-Montrachet y Chablis. El potencial de guarda fue considerable. Hoy en día, los grandes tintos ofrecen una madurez espléndida, conservando los mejores aún reservas. Entre el abundante 1970 y el singular 1972, el 1971 figura entre los grandes años de la década, junto a 1969 y 1978.