La añada 1983 sigue siendo en Borgoña un año controvertido y muy irregular, fruto de un verano cálido que dio uvas maduras y concentradas, pero manchado por tormentas de granizo y el desarrollo de podredumbre que marcaron parte de la cosecha. Los tintos (Pinot Noir) se muestran poderosos, tánicos y bien estructurados, a veces dotados de gran profundidad y larga guarda en las cuvées sanas, pero a menudo afectados por un sabor a moho en los sectores perjudicados. Los blancos (Chardonnay) son amplios y ricos, de Meursault a Puligny-Montrachet. La evolución ha resultado imprevisible, lo que impone hoy juzgar cada botella caso por caso, conservando no obstante los mejores tintos una bella materia. Entre el abundante 1982 y el difícil 1984, la añada 1983 sigue siendo una añada poderosa pero con trampas.