La añada 1975 compone en Borgoña un año difícil, marcado por lluvias y el desarrollo de podredumbre que fragilizó la cosecha, en particular los tintos. Los tintos (Pinot Noir) lo acusan con fuerza: a menudo diluidos y alterados en los sectores afectados, permanecen ligeros y desiguales, con raros éxitos aislados en la Côte de Nuits. Los blancos (Chardonnay) suelen salir generalmente mejor parados, en un registro fresco y clásico, de Meursault a Chablis, sin llegar a brillar. El potencial de guarda es bajo, y la práctica totalidad de las cuvées están hoy para beber, o incluso más allá. Situado entre el mediocre 1974 y el solar 1976, el 1975 sigue siendo una añada menor en Borgoña, a reservar para los amantes de las curiosidades.