La cosecha de 1963 tiene muy mala reputación y hay que reconocer que las condiciones climáticas no ayudaron a los viticultores a producir grandes vinos. En Burdeos, 1963 fue frío y húmedo durante todo el verano (de julio a septiembre inclusive), por lo que los vinos están muy lejos de una cosecha de 1961, sea cual sea su color. En Borgoña, las vendimias muy tardías se extendieron hasta principios de noviembre, gracias a un veranillo que permitió salvar la cosecha, pero los vinos tintos de 1963 no son por ello míticos. Los Borgoña blancos de 1963 de Meursault y Puligny Montrachet son mejores y pueden constituir a veces una agradable sorpresa. No hubo cosecha de 1963 en Champaña; los vinos fueron reservados para alimentar los ensamblajes de los bruts sin año. Hay que decir que los vinos tenían una acidez formidable y que probablemente habría sido necesario tiempo para incorporar estos vinos de reserva en los bruts sin año siguientes (a fin de no desnaturalizar su sabor). En el valle del Ródano, el año 1963 tampoco es particularmente notable, como en el Loira y en Alsacia, donde las producciones se vieron muy afectadas por las mediocres condiciones meteorológicas. Si el año 1963 no es un gran año desde el punto de vista enológico, una botella de esta cosecha puede ser no obstante un regalo original con motivo de un aniversario de cosecha. Regalar una botella de vino de un año simbólico es siempre un gesto apreciado.