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Fundado hace más de 5 siglos, único Sauternes Premier Cru Supérieur en la clasificación de 1855, el Château d'Yquem es considerado el mejor vino licoroso que existe. En efecto, ya en el siglo XVIII la fama de este vino traspasaba nuestras fronteras hasta los Estados Unidos, donde Thomas Jefferson se complacía en difundirlo (¡y degustarlo!). Negocio familiar, fue en 1785 cuando la última heredera de la familia de Sauvage d'Yquem, Françoise-Joséphine, retomó el dominio tras la muerte de su esposo Amédée de Lur Saluces. Ella desempeñó un papel clave en el auge del dominio, contribuyendo enormemente a su desarrollo y a su proyección. Este negocio familiar, coronado de éxito durante casi 400 años, fue adquirido en 1999 por el grupo LVMH, tras un litigio familiar. Y es ahora Pierre Lurton quien lleva las riendas del dominio. Alexandre de Lur Saluces conserva hoy en día el Château de Fargues, con gran éxito.
El terruño del Château d'Yquem
El viñedo se extiende hoy en día sobre unas cien hectáreas. Está plantado en un suelo de gravas y arcilla que ofrece un drenaje óptimo, permitiendo que la vid esté siempre hidratada según sus necesidades. El encepamiento es doble. Se encontrará tanto Sémillon, dominante, que representa aproximadamente el 80% de las vides y aporta riqueza y volumen al vino, como un 20% de Sauvignon, por su finura y sus aromas. A esto se añade finalmente el Botrytis Cinerea o «podredumbre noble», un hongo cuya acción se ve facilitada por la bruma matinal del otoño bordelés — que al absorber el agua favorece la concentración de azúcar en la uva. Es el conjunto de estos elementos lo que contribuye a la grandeza de los vinos del Château d'Yquem: un terruño de excepción, ciertamente, pero también un saber hacer incomparable. En efecto, las vendimias se realizan manualmente y la selección del grano es drástica a fin de conservar únicamente los más hermosos y los más «noblemente podridos». Recogidos uno a uno en perfecta madurez, se prefiere así lo cualitativo a lo cuantitativo para producir el mejor vino posible. El château se reserva incluso el derecho de suprimir ciertos añadas consideradas «indignas» para no sacrificar la calidad. Las añadas 1992 o 2012, por ejemplo, son inexistentes.
Los vinos del Château d'Yquem
Siempre fiel a su reputación, el Château d'Yquem ha sabido mantener una constancia y una regularidad notable en la calidad de sus vinos, independientemente de la añada. El universo aromático del vino está marcado por frutas de huerto (albaricoque, naranja, ciruela pasa) o exóticas (membrillo, pasta de frutas), notas de crianza en su juventud (vainilladas, tostadas) y por notas de especias suaves (clavo de olor, azafrán, canela). El soberbio equilibrio que existe en boca entre el alcohol, la acidez y el azúcar residual lo convierte en un ejemplo magistral de «bebibilidad». Goza además de un envejecimiento increíble que lo distingue de sus vecinos al cabo de unos años. En cuanto a su longevidad, esta es incomparable, ya que necesita un mínimo de 15 a 20 años para revelar una buena parte de su potencial. En los mejores años, su frescura y su riqueza podrán incluso perdurar más de un siglo.
Existe además una segunda cuvée, la cuvée Y del Château d'Yquem. Un vino blanco seco que, por tanto, no tiene derecho a la denominación Sauternes. No por ello deja de ser un gran vino fiel a la reputación del dominio. Elaborado con una proporción igual de Sémillon y Sauvignon Blanc, este vino está dotado de una soberbia longevidad. ¡Son las añadas de los años 70 las que mejor se disfrutan hoy en día! No se produce cada año, lo que lo convierte en un vino tanto más raro y solicitado.
Los vinos del Château d'Yquem son una experiencia única que todo aficionado al vino, y especialmente a los licorosos, debería conocer en su vida. Como decía el autor de San Antonio, Fréderic Dard: «¿Yquem? Luz bebida…».
Entre las grandes añadas de Yquem que se pueden encontrar (con mayor o menor facilidad) en el mercado, los vinos pueden clasificarse así: Añada excepcional: 1967, 1975, 2001. Gran añada: 1976, 1982, 1988, 1990, 1995, 1997. Lamentablemente, aún no tenemos suficiente perspectiva para poder juzgar la calidad de las últimas añadas, dirigidas por la nueva dirección del Château (desde la añada 2004).
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